Borré las paredes de las pintas / I erased the walls from the pints

Durante las protestas feministas realizadas desde 2019, el gobierno de la CDMX, el Estado de México e incluso instituciones como la UNAM, han retirado las pintas realizadas por mujeres donde se muestran denuncias sobre la situación de violencia de género por la que el país atraviesa. El argumento para retirarlas es enunciar el daño a los inmuebles: estatuas, monumentos y edificios, priorizando el daño a éstos por encima de la indignación de miles de mujeres. Este ejercicio se centra en la acción de invertir entre lo que se elige quitar y lo que se queda.

Borré las paredes de las pintas alude a una elección entre lo que se muestra a partir de la acción de borrar. Borrar es un acto político.

During the feminist protests that took place in Mexico City throughout 2019, the city and state government, as well as institutions like UNAM (National Autonomous University of Mexico) took down and erased graffiti done by women that denounced pervasive gender-based violence. In erasing their words, the government claimed that they were protecting property: statues, monuments, and buildings, and in this way, they prioritized protecting objects over listening to the outrage of thousands of women. This exercise is based on the inversion of what one wishes to keep and what remains. Erasing this graffiti from the walls reveals a larger truth; one that is told in the decision to remove, to take down: erasure is political.

VENTA DE FOTOLIBRO «Borré las paredes de las pintas»

En este libro una serie de fotografías se han transformado en escritura; en cada toma han desaparecido las paredes, las puertas, las cortinas metálicas, las columnas y los monumentos. Las imágenes originales, antes de ser intervenidas, eran un registro de pintas feministas en distintos espacios públicos de la Ciudad y el Estado de México. Quitar los edificios es, en principio, un gesto inversamente proporcional al de las autoridades que, al día siguiente de una marcha (o unas horas después) salen urgentemente a borrarlo todo, argumentando la defensa del patrimonio. Esos sitios hoy no representan más que una pila de ladrillos y cemento que por omisión o nula actuación se ha vuelto cómplice de la violencia de género; los muros hace tiempo que dejaron de resguardar a las mujeres. O dicho de otro modo, y en palabras de un esténcil: «les jode ver paredes rayadas pero no mujeres asesinadas».

     ¿Qué nos queda cuando las instituciones y sus inmuebles están ausentes, cuando ya no cumplen sus funciones de protección y cuidado? Esa es la pregunta central detrás de estas páginas. Y la respuesta es: lo que nos queda es una carta. «Lo que están haciendo las feministas en las marchas no es pintarle sus puertas al señor presidente, sino mandarle una carta, que él se niega a recibir», escribe María Minera en una columna que publicó el 12 de marzo de 2020. Un mensaje dirigido al presidente en turno, sí; al patriarcado principalmente, pero también a todxs nosotrxs, porque nos obliga a tomar posición. Es una misiva urgente, que grita, que exige justicia, que no olvida y nos pide que actuemos.

«Si mañana no regreso, quémalo todo», se lee en uno de los textos en aerosol más estremecedores de esta compilación. Porque aquí separar las escrituras de sus muros es, en última instancia, reclamar nuestro derecho a documentar minuciosamente las genealogías detrás de cada uno de estos grafitis apresurados, a contar esta historia desde nuestra perspectiva, a dolernos con ella y a quemarlo todo si hace falta.

Ciudad de México, 8 de enero de 2021

Verónica Gerber Bicecci

 

    

*Este texto ha sido incluido en el cuadernillo anexo al fotolibro «Borré las paredes de las pintas», agradezco el tiempo y la dedicación de Verónica para poder incluir este texto*

Nota: Este proyecto tiene como objetivo ser una reflexión entorno al incremento de violencia feminicida en los últimos años. Ha sido construido a partir de fotografías que he realizado, así como de material apropiado que circula en medios de comunicación. Esto último busca crear una herramienta de contrainformación y una contraimagen frente al discurso de criminalización de la protesta feminista.